Jamie Tinklepaugh – ‘Me he inspirado en las historias desde mis primeras memorias’

2019-05-29T15:07:33+00:0029/05/2019|

About Jamie Tinklepaugh

En 2016, Jamie Tinklepaugh empezó un viaje de Londres a Hong Kong en el tren Trans-Siberiano, acompañado por su padre, Peter. En 2018 se editó el libro de Jamie sobre sus experiencias en ese viaje, Wheeling East. Con una mezcla de texto, fotos y las ilustraciones de Peter de sus muchos encuentros fascinantes por el camino, el libro describe sus propias impresiones y las impresiones y reacciones de los demás hacia él. Jamie tiene una discapacidad severa y usa una silla de ruedas.

Se habla mucho de un ‘viaje de la vida’, pero no hay mejor manera de describir la expedición sobre la que escribe en su libro Wheeling East. Hubo años de planificación y preparación, pero ¿cuál fue la chispa inicial para la idea?

Cada viaje es similar al viaje que un escritor realiza con su cuento. Los escritores a menudo usan mapas mentales. Ese paralelo entre los mapas y las ideas que conducen a las historias no es accidental. A veces encuentro que mis ideas me llevan a un callejón sin salida, una sensación frustrante de que las palabras, las ideas, los procesos de pensamiento quedan suspendidos en el aire. A veces dejo los pensamientos en la página; a veces vuelvo a ellos y trato de llevarlos un poco más lejos; a veces me llevan en direcciones inesperadas; a veces tengo que cargarlos porque me pesan. Si se vuelven demasiado pesados, sé que no puedo obligar al lector que los levante.

Me he inspirado en los cuentos desde mis primeras memorias. Los de Idries Shah han tenido un papel central en mi vida desde que era muy pequeño, mucho antes de saber el nombre de Shah. ‘Mushkil Gusha’, un cuento que aparece en su colección de Cuentos del mundo, me la contó mi padre cuando yo tenía tres años. Todavía disfrutamos contándolo, aunque ahora él prefiere escucharme a mí. Lo hemos contado en todo el mundo: con un burro haciendo de público en la plaza Jma el Fna en Marrakech; mirando por la ventana mientras el viento azotaba las palmeras en una playa de Túnez, la noche negra y tintineada y salpicada de estrellas; mirando el cielo nocturno de Sudáfrica; gritando la historia por encima del rugido del tráfico cerca de la pirámide de Roma.

He tenido la suerte de viajar por todo el mundo, África, Estados Unidos, gran parte de Europa. Una vez estaba recodando el cuento mientras una tormenta intentaba echarme de mi litera: estaba ayudando a la tripulación STS Lord Nelson (uno de los dos únicos barcos veleros en el mundo que tienen acceso para sillas de ruedas) navegando por las Hébridas Exteriores. Los lugares en los que he contado los cuentos han inspirado mi propia escritura. En el barco, a pesar de ser agosto, tenía frío constantemente, mareo en alguna ocasión, el mar se estrellaba por los costados, mi silla de ruedas estaba sujeta a la cubierta, por lo que no caí por la borda. Pero los tiempos difíciles estuvieron equilibrados por el clima lo suficientemente tranquilo como para permitirme entrar en un bote de remos desde el que fui depositado en la playa de St. Kilda, una isla remota con una historia muy escocesa de abandono y nostalgia.

Me había encontrado con los libros de viajes de Tahir Shah a mediados de la década de los 90, a saber, Beyond the Devil’s Teeth, en los que explora ‘Gondwanalandia’. Lo que me sorprendió de su trabajo no fue solo las distancias que recorrió, sino los personajes que conoció: Hardeep y Prideep, de Mumbai; Oswaldo, el patagónico orgulloso y bien vestido (fue la primera vez que oí hablar de la Patagonia; me dio ganas de visitar Argentina, una de las pocas ambiciones que me quedan por realizar). La gente siempre fue tan importante como el país, y me encantó la idea de un país arraigado en la antigua geología que abarca nuestros continentes.

Hice un viaje de Interrail antes de ir a la universidad, y el recuerdo de vivir en un tren mientras viajábamos por Europa me sostuvo durante unos tiempos dificiles y me acompañó durante más de veinte años. La idea del viaje en tren más largo del mundo y el pensamiento extraordinario de que ningún mar nos separa del lejano oriente, gradualmente se apoderaron de mí.

Su padre, Peter, estuvo con usted todo el tiempo. ¿Qué tan similares o diferentes fueron las impresiones que ambos tuvieron de los lugares que visitaron y las personas que conocieron?

Peter es artista, dibuja constantemente y sus impresiones son predominantemente visuales. Mi parálisis cerebral afecta mi interpretación visual del mundo, pero extrañamente tengo recuerdos visuales muy vívidos que se remontan a la primera infancia. Sin embargo, mis impresiones principales son del carácter de las personas que conozco y siempre me han gustado las palabras. Mi control manual es deficiente, por lo que no puedo dibujar y mi escritura es lenta y tiende a deambular por la página (tengo problemas espaciales), así que desde que era joven escribía con los teclados.

Al nivel práctico, Peter pudo bajar del tren Trans-Siberiano para (intentar) comprar comida. También hizo un montón de trabajo físico ya que no puedo empujarme en mi silla de ruedas: subiendo y bajando escaleras, tratando de encontrar la manera de cruzar caminos que te redujeron en tamaño e importancia a la de una hormiga. Vio estos desafíos y no se desconcertó por ellos. Nunca estuvimos a más de un par de pies de distancia (excepto cuando él buscaba comida, tengo que decir casi sin éxito). A pesar de estas diferencias, nuestras impresiones han sido generalmente muy similares.

Viajar en una silla de ruedas en el Trans-Siberiano trae a la mente ideas sobre ‘las ruedas dentro de ruedas’. ¿El viaje le cambió de alguna manera?

Me di cuenta de cuán grande y pequeño es el mundo. China siempre parecía el símbolo de la lejanía, pero pudimos llegar allí simplemente sentados, viendo cómo el paisaje se desenrollaba a un ritmo que nos permitía absorberlo. Los aviones, por muy rápidos que vayan, de alguna manera parecen tardar una eternidad, ya que estás tan desconectado de la tierra. Mientras que este corcel de buen ritmo que representaba el tren me permitió sentir que realmente había cubierto la distancia, por lo que ahora la remota China siempre está conectada a mí.

¿Tiene algún consejo práctico para otros que estén pensando en embarcarse en una aventura similar?

Peter y yo hemos viajado juntos durante más de tres décadas desde el momento en que fuimos a Portugal en un impulso, pasando por los bosques de alcornoques en un pequeño Mini blanco. Hemos descubierto que las experiencias más memorables no son aquellas que hemos planeado, ciertamente no son los sitios de ‘debe ver’ que cuentan las guías, pero seguimos el método de zigzag que aprendimos de los libros de Tahir Shah: no nos movemos en línea recta, encontramos el mismo valor y la educación en lo inusual o lo inexplorado: de ahí la importancia para nosotros de ‘el valor de escalar’ como concepto, salir de nuestra zona de confort. Para un viajero discapacitado que busca alojamiento en el que realmente puede ingresar, se agrega un nuevo nivel de incertidumbre, pero hasta ahora no nos hemos arrepentido. Aunque no nos arrepentimos de haber reservado por adelantado en todos los lugares en los que hemos estado en China.

La mayoría de las veces no teníamos acceso wi-fi y nuestro teléfono móvil no podía hacer llamadas. Creo que eso fue una gran ventaja. Usar el teléfono para explorar una ciudad desconocida es una idea tan atractiva, pero te excluye de la gente. Nuestros intentos de encontrar rutas y obtener ayuda fueron a menudo ridículos, pero siempre memorables, quizás más que cualquier otro lugar al que intentamos llegar.

Cada día de su viaje parece haber sido memorable de alguna manera. ¿Ha traído algún recuerdo o sentimiento excepcional?

Los recuerdos mas duraderos son los de las personas. Las diferencias de idioma, de cultura y de nación pueden parecer muros infranqueables pero luego desaparecen en un instante en una sonrisa compartida, un gesto, la ayuda prestada antes de ser solicitada. Pienso en un grupo de hombres en un parque en Suzhou tocando música que tenía una calidad inquietante casi etérea, y nos dieron la bienvenida. También en las mujeres vendedoras de mercadillo que notaron que Peter tenía problemas con mi silla de ruedas y que vinieron apresuradamente a ayudarle. Los pequeños incidentes a menudo se repiten, y sonrío y respiro un gracias silencioso.