La confluencia cultural: Entrevista con el escritor y editor David Barba

2019-01-11T00:21:07+00:0008/01/2019|

La confluencia cultural

A lo largo de su vida Idries Shah promovió contactos y conexiones entre diferentes tradiciones alrededor del mundo, pues creía que ello era un elemento importante en el avance de la cultura humana.

Con este mismo espíritu, la Idries Shah Foundation ha creado “La confluencia cultural”, un foro dentro de nuestro sitio web en el cual se invita a personajes interesantes de todo el mundo a hablar de sus propias experiencias y las lecciones que han aprendido por cruzar diversas fronteras culturales.

Aquí podrás leer más artículos de esta serie: https://idriesshahfoundation.org/es/confluencia-cultural/

Acerca de David Barba

David Barba es escritor, programador cultural y editor. Dirige el sello Ediciones La Llave, especializado en psicología transpersonal, Gestalt y filosofías orientales y occidentales. Es el director literario de un conocido festival español de novela negra y policiaca. Durante años ha trabajado como periodista en diarios españoles como La Vanguardia, El Periódico y La Razón, y ha sido profesor de periodismo cultural en la Universidad Autónoma de Barcelona.

1. De ateo ‘radical’ a editor de uno de los escritores más conocidos sobre la vida ‘interior’ y espiritual del individuo (Claudio Naranjo)… ¿Cómo empezó este cambio tuyo?

Cuando yo era un pequeño feto de dos meses, mi madre abandonó el catolicismo y se hizo Testigo de Jehová. Estaba deprimida y se disponía a saltar desde un puente en plena noche cuando un testigo de Jehová que pasaba por allí casualmente la agarró de un brazo y la salvó. Me eduqué en esa religión, al mismo tiempo que me aburría terriblemente en ella y, desde muy niño, llevaba una especie de «doble vida» entregada al cuerpo, al erotismo y a los sentidos en el interior del bosque junto al que vivíamos, donde meditaba espontáneamente sentado en las ramas de un algarrobo.

A los doce años perdí de golpe mi fe en el dios de los cristianos: fue como despertar de una fantasía sadomasoquista en un abrir y cerrar de ojos, pues en un ‘insight’ de una décima de segundo aquel dios había desaparecido de mi vida. En la adolescencia comencé a interesarme seriamente en el ateísmo y en los círculos escépticos. Y me volví un fanático: estaba lleno de odio contra todo aquello que oliese a religión. En aquel entonces ignoraba que existiera una diferencia entre religión y espiritualidad.

Fue mucho tiempo después, tras una fuerte depresión nihilista, cuando volví a contactar con aquel niño que meditaba en la rama del algarrobo: comprendí que la espiritualidad puede consistir, no en poner adornos de plumas o tambores o sotanas, cumplir tabúes o arrodillarse ante una autoridad tóxica, sino en eliminar obstáculos neuróticos para lograr una autorregulación organísmica, una homeostasis, un estado de Tao en el que somos plenamente humanos.

2. Cruzar momentáneamente a otra cultura – la de los chamanes sudamericanos – fue algo decisivo en tu vida, con impactos múltiples. Cuéntanos algunas de las maneras en que te cambió la vida.

Como tantos otros, me sentí fascinado por las culturas indígenas, aunque exploré esa fascinación tratando de evitar el simple «turismo espiritual», empleé la contención de un ateo y nunca abandoné el escepticismo de quien ve con ojos críticos la entrega a la charlatanería New Age o a fantasías pseudoespirituales reconfortantes y adormecedoras. Sin embargo, tuve ocasión de conocer lugares remotos, especialmente en México, Colombia, Venezuela y Brasil, y participar de rituales con personas sabias que, de una manera espontánea y en ningún modo forzada o planificada, me ayudaron a desprenderme de mi disfraz de intelectual. Desde aquel tiempo me siento mucho más un animal humano que una mente humana.

Recuerdo especialmente una visita a la montaña de Sorte, en Venezuela, donde diría que, más literal que metafóricamente, los espíritus de la selva se colaron en mis sueños y los llevaron a la realidad con una precisión imposible. Desde que comencé a prestar oídos a ello, he vivido situaciones de una sincronicidad estruendosa, con lo cual se confirma la idea de Maslow de que todos nacemos con un talento natural para escuchar la música del espíritu, solo que muchos se vuelven duros de oído, y es una condición difícil de revertir.

3. ¿El chamanismo puede convivir con la cultura materialista actual?

Puede y debe, como uno de los muchos contrapesos que estamos necesitando para no sucumbir a la fantasía huxleyana-prometeica que representa la ciega fe cientificista en el Mito del Progreso. Prometeo se ha convertido en el titán rector de nuestro destino y nos ha sumido ya en la catástrofe ecológica, espiritual y sentimental. Los budistas lo llaman avidya, Reich lo llamaba la “peste emocional” y Naranjo lo llama “la mente patriarcal”: una forma de pensar de la que necesitamos desintoxicarnos, pues nos lleva a desidentificarnos con el Todo y a identificarnos con nuestro ego. Ese ego disparado, o esa “mente patriarcal” que nos ha tomado, es una especie de sosias muy problemático que explica perfectamente la complejidad del mundo actual. Y es que vivimos rodeados de sosias o döppelgangers; yo no me creo que Trump sea Trump: su döppelganger ha ocupado su lugar, un poco como las vainas extraterrestres que reemplazan a los humanos en la película Invasion of the Body Snatchers.

Lo mismo puede decirse de la mayoría de los dirigentes mundiales. Así que, si queremos ponernos pesimistas, podemos decir que de aquella fuente envenenada del cuento del reino de Wirani hemos bebido todos, pero al contrario que en el cuento de Jalil Gibrán el primero en beber fue el rey supuestamente sabio y sus ministros: hoy, más que nunca, el mundo se extrema entre propuestas políticas y económicas polarizadas entre la fraternidad y el egoísmo, entre la esperanza y el nihilismo, entre la libertad y la represión. Es decir, entre verdaderos valores y sus döppelgangers, que los han sustituido. En este sentido, los locos, los que se ven mínimamente libres de avidya, de peste emocional, de mente patriarcal, son para mí los chamanes que necesitamos (incluyo en este grupo a gente como Idries Shah). Ellos están destinados a salvarnos de nosotros mismos y de nuestra inflación egoica.

4. Si pudieras introducir solo un cambio a nuestro mundo ¿cuál sería?

Decretaría la abolición de toda clase de moneda. Esta medida seguramente generaría el caos, que solo se podría evitar si los intercambios económicos fuesen justos, equitativos y basados en la confianza mutua: te presto estas cien toneladas de maíz y confío en que mañana me llegarán 150 toneladas de tu trigo. Como te deberé 50 toneladas, te las pagaré el año que viene con lo que me pidas: maquinaria, tecnología, una buena ración de botellas de nuestras bodegas de vino… Cualquier economista me diría que soy un idiota. Y yo le diría que tiene razón, pero que la economía es una pseudociencia peligrosísima que merece ser desterrada de la universidad. Si me es posible, junto al dinero aboliría la publicidad (no es justo que estemos sometidos a ese ruido) y los vehículos de motor, así como el turismo y los grandes centros comerciales. Pero si sigo me voy a poner fascista…

5. Eres responsable de la editorial La Llave, con enfoque en temas de la transformación individual y colectiva. ¿Qué es esa transformación y hasta dónde puede llegar?

La transformación —tema tan grato a esta editorial— es el resultado del “viaje del héroe”. Ulises regresa a Ítaca tras diez años vagando por el Mediterráneo, pero ¿qué queda del héroe arrogante que destruyó Troya? Nada: ahora es un viejo náufrago desnudo que aún deberá disfrazarse de mendigo, tensar su arco y matar a los pretendientes de Penélope. Pero puede decirse que, en ese momento de naufragio, de desnudez, de regreso a Ítaca, ya se ha producido la transformación: el arrogante ha aprendido el valor de la humildad, el miedoso ha aprendido a mostrarse valiente, el insaciable se ha vuelto sobrio, el llorón se ha vuelto ecuánime…

Y, como todos ellos son personajes que habitan en nosotros, el transformado los ha recorrido a todos y se ha dado cuenta de que no es ninguno de ellos. De hecho, ahora es un náufrago, un nadie. Tendrá que llegar al palacio (su casa), desinfectarlo de cucarachas y recuperar a Penélope (su alma). Tendrá que volver a encarnar en la tierra con una identidad de la que, en el fondo, se sentirá desidentificado, lo que significa que tendrá una nueva relación más dinámica y flexible con su ego.

Después de todas sus aventuras (y esto es lo que no cuenta la Odisea), Ulises siguió siendo un bravucón, un listillo, un narcisista arrogante y un tramposo. Esto es, el mismo idiota de siempre: un idiota en el sentido griego. Pero ahora ya no necesitaba destruir ciudades ni cegar a cíclopes; le bastaba con sentarse en la terraza a meditar. En verdad esto es el ideal de flexibilitas: perderse a sí mismo, desorganizar la propia rigidez caracterial para recobrarse a sí mismo… ganarse un alma.